En adición, algunas leyendas del popular hombre lobo eran particularmente frecuentes (y continúan siendo) en regiones de Europa Oriental. El equivalente escocés a la leyenda es la historia del Wulver en las islas Shetland. El “wulver” se describía a menudo como un lobo con rasgos humanoides (cabeza de lobo y cuerpo de humano), y se creía avistarse sentado sobre una roca, pescando, y con la intención de dejar pequeños presentes sobre las ventanas de los pueblerinos (una historia bastante diferente a la conocemos del hombre lobo en la actualidad).
No obstante, si algo podemos concluir, es que el lobo ha enriquecido nuestra cultura a través de su presencia en incontable historias, así como en obras científicas relacionadas con el estudio de la naturaleza. En su popular libro “Almanaque del Condado Arenoso”, Aldo Leopold describe las experiencias vividas durante un encuentro con una loba a la que había disparado: “Llegamos a la vieja loba a tiempo para ver un fuego verde y feroz desvanecerse en sus ojos. En aquel momento supe, y desde entonces lo he sabido, que había algo nuevo para mí en aquellos ojos, algo que solo conocía ella y la montaña. Yo era joven, lleno de ansias por apretar el gatillo. Pensaba que mientras menos lobos, mayor cantidad de ciervos y que si no había lobos, sería el paraíso para los cazadores. Pero tras ver ese fuego verde apagándose en sus ojos, pude darme cuenta que ni aquella loba, ni la montaña aprobaban mi punto de vista”.





